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Es la noche del solsticio, y unos jóvenes madrileños han ido a la playa de Alicante para festejar la Noche de San Juan en ese ambiente lleno de juventud, diversión y mil hogueras.
Mientras el resto bebían, reían, cantaban y bailaban alrededor de la hoguera que habían formado, una de las chicas (apenas 18 años) miraba las llamas mientras con una mano sujetaba la cerveza y con la otra sus rodillas, pensativa y envuelta por la magia del ambiente, siguiendo el ritmo de los bongos y los djembes con los pies, pero sin apartar la vista de ese baile crepitoso y ardiente que desfilaba ante sus ojos mientras consumía la madera.![]()
- ¡Lucía! ¡Lucy! ¡Vente a bailar!- dijo Joan, el apuesto chico que les había invitado a ir allí, y el mejor amigo de Lucía.
- ¡Sabes que soy un pato mareado!- protestó con una sonrisa burlona.
- ¡Da igual! ¡Yo también! ¡La única que sigue el ritmo es Ana! - dijo mientras señalaba a la impresionante morenaza de salvajes ojos azules.
Era increíble la destreza que tenía, como lograba moverse bajo ese ritmo salvaje, convirtiendo su baile en una danza igual de salvaje e increíblemente sensual. No podía apartar los ojos de ella y de sus movimientos. Su largo pelo se mecía con el viento y al ritmo de su baile, dándole un aspecto más indomable e incluso más atractivo de lo que ella ya era por su propia naturaleza.
- ¡Lucía! ¿Vienes o no?- volvió a preguntar Joan, sacándola de su ensimismamiento.
- Sí, pero primero voy a cumplir la tradición. - Le respondió.
Escribió primero sus tres malos recuerdos, o mejor dicho, sus tres peores recuerdos de ese año: el divorcio de sus padres,la muerte de su dulce y tierna madre, la única que realmente le comprendía, y las burlas por haberse enamorado de la persona equivocada. Luego escribió los tres deseos, dirigiendo una fugaz mirada a la joven bailarina, los cuales no explicare, pues si no no se cumplirían, y ya es hora de que tenga algo de suerte y se cumplan, gracias a la ayuda del solsticio de verano.
Se levantó, arrojó sus malos recuerdos al fuego y enfrentándose, con los deseos en la mano, a la hoguera, para hacer cara a sus sueños prohibidos y a su propio destino con los saltos, y tras los millones de sueños por cumplir de esa calurosa Noche de San Juan.

